Freakipolitics (I): El teórico trotskista que creìa en aliens solidarios

Homero Rómulo Cristalli Frasnelli, alias J. Posadas, nació en 1912, en el barrio de , , y murió en 1981, en Roma. Su prolífica actividad política e intelectual fue arteramente reducida a algunos textos en los que vinculó a los extraterrestres con el socialismo y la revolución. "No son marcianos ni luces de colores / son posadistas en platos voladores", se burlaban en los ’70 los muchachos peronistas y el cantito se extendió a otros rivales políticos.

El "posadismo" es la vertiente trotskista argentina menos reconocida en su país, y la más valorada en el resto del mundo. J. Posadas, su fundador, fue un líder singular adicto al mate, el fútbol y a los tangos de Carlos Gardel.
 


Los oráculos posadistas no terminan de resolver un misterio de origen: cuando el fútbol criollo vivía su primera profesionalización, ¿Homero Cristalli jugó en las inferiores de Estudiantes o en las de Argentinos Juniors? No hay dudas en cuanto a que era flaco, ágil y talentoso. Y a que supo aplicar el potrero al análisis marxista. Como descanso de las reuniones de cuadros militantes, organizaba partidos de fútbol mixtos. "No importa que las mujeres no sepan nada de fútbol siempre y cuando sus intenciones preparen sus mentes para superar sus limitaciones. Jugando al fútbol se aprende a intervenir más y mejor en todo", teorizaba.

Hijo de un italiano zapatero e inmigrante, Cristalli siguió esa huella en los años ’30 trabajando como obrero del calzado, en la provincia de Córdoba, con especialidad en suelas. Enseguida desplegó talento sindical, mientras profundizaba –en lo ideológico– sus primeras influencias de figuras trotskistas como Liacho, Raurich, Koifman y Gallo, quienes propugnaban una política de "entrismo" en el Partido Socialista Obrero. Tiene un falso paso por el grupo pro-comunista de Marianetti (de donde es expulsado por "perro trotskista" y contactos con Liborio Justo –el hijo rebelde del presidente Agustín P. Justo–, para luego recalar en el Partido Obrero de la Revolución Socialista, donde rápidamente toma posiciones de liderazgo.

Disconforme con el curso de la revolución rusa, Trotsky funda la Cuarta Internacional y Posadas adhiere con la sigla GCI (Grupo Cuarta Internacional), que es reconocida oficialmente como la sección argentina de la Cuarta Internacional. Su periódico es Voz Proletaria, rebautizado años más tarde por sus detractores como "Voz Planetaria".

Autodidacta, Posadas tuvo la singularidad de ser uno de los pocos que desde la izquierda intentó entender el fenómeno peronista. Aunque sin reciprocidad: en el tercer y último gobierno de Juan Perón, ante una acción guerrillera del ERP, el viejo líder –viejo y mal asesorado– anunció represalias diciendo: "No me interesa si se llama RP, J. Posadas o Mongo Aurelio".

Otras figuras históricas fustigaron al posadismo y su militancia. "Pestilentes", los llamó Fidel Castro como final del proceso en el que los seguidores de Cristalli acompañaron la revolución cubana, pero reclamaban un giro a la ultraizquierda. La sede en La Habana fue atacada y hasta intervino el Che Guevara para calmar la virulencia pero sin ahorrar críticas a los agredidos.

Poco antes, en la Argentina, los posadistas habían vivido su única experiencia electoral. Fueron 37.742 votos en las elecciones de 1958 que consagraron a Arturo Frondizi. Para 1962, adoptaban nombre propio: nacía la Cuarta Internacional Posadista, con peso específico dentro de la laberíntica estructura de la Cuarta Internacional. Eran cuadros disciplinados, metódicos, organizados en células. Tres de ellos fueron desaparecidos por la última dictadura militar.

Cada texto de Posadas generaba polémicas. Sea que tratara sobre la inteligencia de los delfines, o la función histórica de la música. Lo curioso es que Posadas no escribía. Hablaba, y su entorno lo grababa. Las desgrabaciones, que todavía continúan, pasaron a formar un mítico y triplicado archivo accesible sólo para pocos. La visión de esas docenas de miles de paginas escritas a máquina y la mayoría en español –Cristalli dominaba varios idiomas pero se expresaba políticamente en el nuestro– constituía una experiencia única, casi clandestina. Por decisión de un donante anónimo, a partir del 1 de enero de 2010, una parte de esos archivos, que también contienen dibujos, han sido "liberados" al publico en el International Institute for Social History de Amsterdam, Holanda.

Maniático del orden, dicen quienes lo trataron que limpiaba los platos igual que analizaba un texto o una coyuntura política: a fondo. Moría de risa con las películas de Chaplin o el Gordo y el Flaco y en teatro elegía el Rey Lear, de Shakespeare. Su álbum de fotos lo muestra agitando en Roma, caminando pensativo en Londres, mateando al pie del Partenón o tirándose en palomita, con la camisa abierta, pantalón y medias de vestir, para cabecear una pelota. Los últimos 15 años de su vida los pasó en una especie de peregrinaje militante por tierras europeas, con base en Italia.

A diferencia de Homera, su segunda hija, que renegó del linaje político, su primogénito Carlos León, alias Joel Horacio, continúa en la senda trotskista. Apoya al venezolano Hugo Chávez y la gestión del matrimonio Kirchner. Cada vez que un periodista cae en el lugar común, responde: "Si lo dice Carl Sagan está bien, pero como lo dijo Posadas es un loco planetario". Habla de extraterrestres, claro. De aquel opúsculo de 1968: "Los platillos voladores, el proceso de la materia y la energía, la ciencia, la lucha de clases revolucionaria y el futuro de la humanidad", rescatado por Alejandro Agostinelli en su libro Invasores. "Hay que convocar a las masas, crear las condiciones para derrumbar el capitalismo y la burocracia de los Estados obreros e instaurar el socialismo. Hay que decir a los seres de otros mundos, si aparecen, que es necesario intervenir ya, colaborar con los habitantes de la Tierra para suprimir la miseria", advertía Posadas, y le hacía eco su amigo y camarada, Dante Minazzoli, autor del libro Por qué los extraterrestres no se contactan públicamente con nosotros. Cómo ve un marxista el fenómeno Ovni". Algunas de estas cuestiones insinuadas por el posadismo se analizan hoy muy seriamente en los centros de poder, tanto cientifico como politico, como parte de una disciplina en auge: la exopolítica.

No menos revuelo causo la tesis de que una inevitable guerra nuclear sería potencialmente benéfica para la revolución.

Un infarto de miocardio producido por una fibrilación auricular crónica terminó con los sueños de Homero Cristalli, alias J. Posadas. Sus seguidores afirman que cuando por fin se conozca la totalidad de su profético pensamiento, la humanidad, entonces sí, se sorprenderá.

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