La insurrección de Kronstadt (1921). Una brecha en la fe del bolchevique.

Uno de los sucesos históricos que más me han impactado es sin duda la rebelión de la Fortaleza de Kronstadt contra el gobierno bolchevique y su posterior represión. En mi primera juventud me identifiqué con el marxismo; inevitablemente un jovencito leído con la moral y valores ilustrados e impresionado por la flamante autoproclamación de ciencia de dicha ideología.

Por otra parte, no podía simpatizar demasiado con el “socialismo real” de raíz estaliniana: sin duda para mí la tendencia que seguía portando la esencia era el trotskismo, Trotsky un lider idolatrado y los primeros años de Revolución Rusa, hasta la muerte de Lenin el testimonio histórico más brillante de un país gobernado por la clase obrera y el campesinado a través del sistema de democracia de base.

La primera ocasión en que hoy hablar de una cosa tal como la rebelión de Kronstadt, donde marinos , obreros y sus familias se alzaron contra el gobierno bolchevique, no puede no sentir cierta patada en la boca del estómago. Pero sin duda el autor “era un burgués”, algún compañero me explicaría la verdadera versión, en alguna parte de los escritos de Trotsky encontraría la explicación gratificante a semejante malentendido. No solamente no fue así, sino que consideraciones tales como “una tragedia inevitable”, la cercanía de tropas imperialistas que apovecharían la rebelión o la ideología anarquista “pequeñoburguesa” que lideraba el movimiento, ante la cual el auténtico partido proletario no podía transigir. La lectura de los textos de Trotsky solo me aportaron inquietud: un lenguaje dogmático, arrogante y agresivo que desacreditaba la imagen del lider, que yo consideraba modelo de intelectual  y revolucionario. ¿Quizá el arquetipo de monje y guerrero?

Parece ser que el "compadre" no participo directamente en la represión, pero como todos los participantes en el X Congreso del Partido Bolchevique, la apoyó sin fisuras como uno de los líderes prominentes del partido. Esa cuestión la dilucidó claramente en una entrevista en sus últimos años de exilio, donde con desdén absoluto a la memoria de los represaliados ratifico su justificación en base a no se qué “moral superior”.

El estallido del conflicto.
 
Marzo de 1921: la Guerra Civil, si bien no finalizaría hasta 1923, ha consolidado el régimen de los Soviets que parece encaminarse hacia la victoria. El país, por otra parte, está más que exhausto tras un sin fin de penurias: hambrunas, frío y terror. El terror, esta bien decirlo, no se ha limitado a uno solo de los bandos: terror rojo, terror blanco, terror verde, incluso terror negro: es decir bolchevique, contrarrevolucionario, nacionalista ucraniano y anarquista (si bien en la guerra civil se alió estratégicamente, en ocasiones, con los bolcheviques).

El terror rojo está representado en el bando vencedor no solo por las represalias comunes en una guerra civil sino en especial por una nueva policía política popularmente conocida como “Checa” ChK - Chrezvycháinaya Komíssiya, 'Comisión Extraordinaria') creada el 20 de diciembre de 1917 por Feliks Dzerzhinski. El objetivo de dicho cuerpo era la “represión de la Contrarrevolución”, lo cual no significaba hacer justicia, como admitían abiertamente los líderes bolcheviques, en caso de duda o sospecha se procedía normalmente a la ejecución del reo con un simple tiro en la sien. Por otra parte, la “Checa” tiene libertad para actuar al margen de la ley, incluso de la misma legislación de la República de los Soviets; podía eliminar a alguien por sospechar de su fidelidad al régimen, su aspecto aburguesado e incluso criticar constructivamente al gobierno, hechos que por sí no eran constitutivos de delito. Entre sus tácticas destacaban la toma de rehenes, el arrasado de poblaciones supuestamente colaboracionistas del Ejeŕcito blanco y el "diezmado" de poblaciones o tropas sospechosas.

En el plano económico los "rojos" impulsan el "Comunismo de guerra" que comprendía las siguientes políticas:
  • Todas las grandes fábricas serían controladas por el gobierno. La producción sería planificada y organizada por el gobierno.
  • La disciplina entre los obreros sería estricta y los huelguistas, abatidos.
  • Servicio de trabajo obligatorio para las «clases no obreras».
  • Requisa de los excedentes agrarios de los campesinos para distribuirlos entre el resto de la población.
  • Los alimentos y la mayoría de artículos esenciales serían racionados y distribuidos de una manera centralizada.
  • La empresa privada quedaría ilegalizada.
Los resultados no hicieron sino empeorar la situación: los campesinos ocultaban los excedentes no retribuídos o disminuían la producción, el alimento apenas llegaba a las ciudades y la hambruna llevaba a la gente a la muerte y el canibalismo o al campo donde se creó un mercado negro, que implicaba la muerte, caso de ser descubierto. Las mejores raciones iban para el Ejército Rojo, sin ser nada excepcionales, pues la producción del campo dismuía, entre la falta de incentivos y la ocultación de alimento para la supervivencia, pese a cualquier amenaza, pues la amanaza de muerte por inanición era más acuciante que aquella por represión. Quizá el mercado negro fue el único que evitó que el colapso de la economía

¿Cuales eran los objetivos de los bolcheviques en la implementación del comunismo de guerra es objeto de controversia. Algunos han argumentado que su único objetivo era ganar la guerra. Lenin, por ejemplo, dijo que "la confiscación de los excedentes de los campesinos fue una medida con la que cargamos por las condiciones imperativas de los tiempos de guerra."3​ Otros comentaristas, como el sociólogo Zygmunt Bauman,4​ el historiador Richard Pipes, el filósofo Michael Polanyi,5​  han argumentado que el comunismo de guerra fue en realidad un intento de eliminar de inmediato las categorías capitalistas, y de ese modo implementar la economía comunista, de la que los dirigentes bolcheviques esperaban un aumento inmediato y a gran escala en la producción. Nikolái Bujarin, que dijo que "Concebimos al comunismo de guerra como universal, por así decirlo una forma 'normal' de la política económica del proletariado victorioso, y no como algo relacionado con la guerra, es decir, conforme a un Estado definido por la guerra civil".8

Llegados a este punto, el fin de la amenaza bélica suscita nuevas esperanzas. Tras la victoria de los “rojos” la dispación de la amenaza hacía pensar en una relajación de la disciplina. Vana esperanza, continua la represión de cualquier discrepancia, por el contrario, incluso aliados coyunturales durante la guerra son reprimidos, como es el caso de anarquistas, como Makno en Ucrania. En el terreno económico, la negligente política del “Comunismo de Guerra” se mantiene y en consecuencia la carestía y el hambre. Es así que una oleada de huelgas tiene lugar en Petrogrado los días 24, 25 y 26 de Febrero dónde se exige el fin de las confiscaciones obligatorias de alimentos, la mejora de abastecimiento de las ciudades, la supresión de la militarización del trabajo, así como la limitación de la acción represiva de la “Checa”.

Y es en este momento cuando se pone en marcha la rebelión de la fortaleza de Kronstadt. Situada en la isla de Kotlin en el golfo de Finlandia había servido como base de la flota báltica rusa y defensa de San Petersburgo (entonces, Petrogrado), que se encuentra a treinta kilómetros de la isla. Durante dieciséis días, se implantó una comuna revolucionaria que se opuso al Gobierno soviético que los propios marinos habían ayudado a crear. Irónicamente los marineros revolucionarios de esta fortaleza habían sido grandes aliados del bolchevismo en la Revolución de Octubre del 17, con la quebrada esperanza de que el régimen soviético fuera una auténtico régimen de democracia obrera desde la base. La realidad fue la autoproclamación del Partido Comunista (Bolchevique) como vanguardia única de la revolución y de los soviets como "su correo de transmisión" (Lenin dixit).



Kronstadt tenía, según la anarquista Ida Mett, una buena reserva alimenticia, por lo que la hambruna no impactó tan duramente allí. Sin embargo, el sóviet, compuesto por marineros y trabajadores de tradición socialista revolucionaria y anarquista, no estaba dispuesto a consentir la hegemonía bolchevique y la pérdida de los logros conquistados tras años de revolución. No entiendo exactamente cuales eran estos logros dado lo desesperante de la situación y la fragilidad de la vida humana. Quizá revalorizar el heroísmo en una sociedad cómoda, infantilizada y temerosa como la nuestra sea la respuesta.

La marina, encabezada por el líder popular Stepán Petrichenko (un bolchevique reconvertido al anarquismo que ya había liderado el alzamiento de la marina en el 17), hizo llegar una serie de demandas, entre las que se encontraban la legalización de los partidos y organizaciones obreras, la libertad de expresión para los trabajadores, la igualdad de sueldos, libertad económica para campesinos y artesanos o la reelección de delegados de los sóviets, puestos que habían sido monopolizados por los bolcheviques. Las reproduciremos supriendo los artículos secundarios.

1. Celebrar inmediatamente nuevas elecciones mediante voto secreto, con libertad para que todos los obreros y campesinos puedan realizar propaganda electoral en el período previo;

2. Dar libertad de expresión y prensa a los obreros y campesinos, a los anarquistas y a los partidos socialistas de izquierda;

3. Asegurar la libertad de reunión para los sindicatos y las organizaciones campesinas;

4. Llamar a una conferencia no partidaria de obreros, soldados del Ejército Rojo y marineros de Petrogrado, Kronstadt y de la provincia de Petrogrado, para una fecha no posterior al 10 de marzo de 1921;

5. Liberar a todos los prisioneros políticos de los partidos socialistas, así como a todos los obreros, campesinos, soldados y marineros.

7. Abolir todos los departamentos políticos, porque a ningún partido deben dársele privilegios especiales en la propagación de sus ideas o acordársele apoyo financiero del Estado para tales propósitos.

9. Igualar las raciones de todos los trabajadores, con excepción de los que realizan tareas insalubres;

10.Suprimir los destacamentos comunistas de combate en todas las ramas del ejército, así como las guardias comunistas que se mantienen en las fábricas y talleres.

11.Dar a los campesinos plena libertad de acción respecto de la tierra, y también el derecho de tener ganado, con la condición de que se las arreglen con sus propios medios, es decir, sin emplear trabajo asalariado;

13.Pedir que la prensa dé amplia publicidad a todas nuestras resoluciones;

15.Permitir la producción de los artesanos libres que utilicen su propio trabajo.

PETRICHENKO, Presidente de la Asamblea de la Escuadra
PEREPELKIN, Secretario.
 
Al día siguiente, el 1 de marzo, acudieron alrededor de quince mil personas —más de un cuarto de la población de la base— a una gran asamblea reunida por el propio sóviet local en la plaza del Ancla. Las autoridades pensaban apaciguar los ánimos de la multitud y enviaron como principal orador a Mijail Kalinin, presidente del Comité Ejecutivo Central Panruso (algo así como el equivalente al parlamento, aunque ya hegemonizado por los bolcheviques). La asamblea aprobó así por abrumadora mayoría la resolución adoptada anteriormente por el Petropávlovsk. Una parte notable de los numerosos comunistas presentes en la multitud apoyaron también la moción. Las protestas de los dirigentes comunistas fueron rechazadas, y Kalinin intervino en la asamblea exigiendo una vuelta al orden y con amenazas. No obstante, pudo regresar sin problemas a Petrogrado.
El 2 de marzo, unos trescientos delegados se juntaron para renovar el sóviet según la decisión de la asamblea del día anterior. Los principales representantes comunistas trataron de disuadir mediante amenazas a los delegados, pero solo consiguieron indignarlos. Tres de ellos, el presidente saliente del sóviet local, el comisario de la flota Kuzmin y el de la escuadra de Kronstadt fueron arrestados.
Inmediatamente, se eligió un Comité Revolucionario Temporal (CRT). La conferencia de delegados, con trescientos tres de ellos, se convirtió en el Parlamento de la isla. A la medianoche del día 2 los barcos de la flota presentes en la isla y las fortificaciones estaban en manos del CRT, que no encontró resistencia. Los rebeldes arrestaron a unos trescientos veintisiete comunistas un quinto de los de la isla, pero dejaron al resto en libertad. Ninguno de los detenidos sufrió maltrato ni torturas y no hubo ejecuciones.

El gobierno bolchevique se nego en banda a atender unas demandas que sencillamente suponían ceder la hegemonía del partido. Los dirigentes bolcheviques ya no ponían en cuestión la idea de que la "dictadura del proletariado" significaba "la dictadura del partido del proletariado". Se acusó a Kronstadt de traición, de actuar bajo control de los enemigos imperialistas y de estar liderados por Kozlovsky, un exgeneral zarista (exgeneral que, curiosamente, había sido llevado a Kronstadt por los bolcheviques (particularmente por Trotsky) y que solamente ejercía de asesor en artillería). Kronstadt se alzó en rebelión y demandó el apoyo de los trabajadores de Petrogrado, intentando provocar una tercera revolución contra los bolcheviques. Es decir tras la de Febrero y Octubre aquella la que realmente instauraría la democracia de los soviets sin interferencia del aparato del partido. No obstante, los intentos para expandirla fracasan, al ser detenidos los delegados por los cuerpos armados bolcheviques.

El CRT se negó a recurrir a las armas mientras la ciudadela no fuera efectivamente atacada. Tácticamente fue un error, pues se podría haber tomado Oraniembaum, ya en tierra y cercana a la capital. Petrogrado se puso bajo la ley marcial, impidiendo cualquier apoyo a Kronstadt, a la que Trotsky mandó 50.000 hombres armados dirigidos por el general Tukhachevski. La dirección del ataque desde Petrogrado va a ser lógicamente dirigida por el fundador del Ejercito Rojo. Entre los atacantes se encontraban principalmente los kursanty (jovenes reclutas de la escuela militar sin tradición revolucionaria) así como cuerpos especiales de la Cheka y del Partido. Se evita enviar milicias del Partido de militantes de base, para evitar que simpatizaran con los insurrectos. En Kronstadt, la guarnición de trece mil hombres se había reforzado con el reclutamiento de dos mil civiles. Contaba con una serie de fuertes bien armados y con cañones pesados de gran alcance  y buques de guerra, siendo los principales Petropávlovsk y el Sevastópol.

Kronstadt resistió bravamente y rechaza varias incursiones de las fuerzas gubernamentales. No obstante, el agotamiento de alimentos y de recursos en general lleva a los defensores al límite de sus fuerzas físicas y mentales. En últimos días, los bolcheviques sofocan diversos amotinamientos en Peterhof y Oranienbaum, pero esto no les impidió concentrar sus fuerzas para la arremetida final, sobre todo contando con la posibilidad de renovación de unidades armadas y avituallamiento. Finalmente, en unos 15 días, el Ejército Rojo entró en la ciudad, realizando una completa masacre, los que no fueron ejecutados fueron enviados a campos de trabajo. Irónicamente el 18 de marzo, los vencedores celebraban el aniversario de la Comuna de París rindiendo homenaje a las víctimas de la represión de los dirigentes contrarrevolucionarios franceses.

Consecuencias de la rebelión
 
El gobierno bolchevique aplicó la política del palo y la zanahoria para calmar los ánimos sin perder las riendas. Ya, comenzado el conflicto de Petrogrado, comienza a suavizar los aspectos más absurdos del “comunismo de guerra” respecto a requisas, intercambio de productos agrícolas y represión del mercado negro. Ello precede a la introducción de la NEP (Nueva Política Económica) por parte de Lenin en el mismo X Congreso del Partido. Instaurada como ley en 1921 propone un modelo de economía mucho menos intervencionista, en la que la ganancia personal está permitida a una determinada escala. Es el mismo Lenin el que reconoce la ceguera y fracaso del anterior proyecto económico y la necesidad de un “repliegue estratégico”.

A diferencia del terreno económico, donde prima el pragmatismo y la moderación, en el terreno político es el cañón y no la mantequilla la que marca el tempo. La represión contra cualquier forma de oposición es implacable, ala izquierda incluída (social-revolucionarios, mencheviques o anarquistas) y sistemática. Asimismo, se prohibe la existencia de fracciones, en palabras de Lenin se establece el “estado de sitio” dentro del mismo Partido Comunista (bolchevique). Algunas de éstas, como la “Oposición Obrera” de Kollontai, habían criticado la política oficial en un sentido parecido al de los insurrectos de marzo. No obstante, su fidelidad al Partido se mostró prioritaria, de modo que sus militantes participaron en las operaciones militares contra la fortaleza rebelde.

El camino para el estalinismo esté ya, por consiguiente, desbrozado con la aquiesciencia de los dirigentes más míticos del bolchevismo: Lenin, Zinoviev, Trotsky, Kamenev, Bujarin … Por mucho que el trotskismo niegue la mayor, la leyenda rosa del bolchevismo genuino e inmaculado presenta serias fisuras morales y políticas.

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