Jesus Hernandez: las revelaciones de un ex-ministro de Stalin en España

La Memoria Histórica respecto a nuestra cainita Guerra Civil es un tema en candelero, tomando las formas polémicas, viscerales e ideológicamente sesgadas que nos son familiares; pensé pues que sería de interés un testimonio como el que sigue. Fue uno de los libros que más contribuyó a mi comprensión del fenómeno estalinista, con sus detalles morales, emotivos y personales más perversos: "Yo fui ministro de Stalin en España" del que fuera ministro del PCE en el Gobierno republicano en plena Guerra Civil, Jesús Hernández. El libro en cuestión es una confesión autocrítica personal de su trayectoria como ministro comunista en dicho Gobierno, de todas las maniobras maquiavélicas de la dirección de su partido, así como de todos los representantes de la "Internacional Comunista" y el aparato del Estado soviético en la España republicana.
 
Algún escéptico podría cuestionar la autenticidad de los hechos narrados en base al desengaño personal del autor con el Partido Comunista de España y el de la Unión Soviética y lo que estos representaban. Objetemos, no obstante, que es de relieve que Hernández no renunciase a sus ideales comunistas, llegándose a exiliar en la Yugoeslavia de Tito, valorando su modelo una alternativa creíble al soviético, y a esbozar la formación de un fantasmal Partido Comunista Nacional Español independiente de la línea soviética dominante en el Movimiento Comunista Internacional; perfil personal coherente, aunque no sea compartido, y, por tanto, poco sospechoso de afinidad al bando franquista. Dicho testimonio muestra por otra parte una coincidencia significativa con los testimonios de anarquistas, trotskistas, poumistas que padecieron la represión estalinista en el mismo bando republicano, así como con el testimonio de ministros de otros partidos en el Gobierno y de políticos relevantes de la República (1, 2, 3, 4)

La actuación del PCE durante la Guerra Civil

No voy a tratar de ser exhaustivo, simplemente trataré de referir los hechos más relevantes, así como de las conclusiones más inmediatas a que llega el autor, las cuales no puedo dejar de suscribir: el Partido Comunista de España, actuó como un mero apéndice del Estado Soviético en el bando republicano, intentado infiltrar el gobierno, así como sindicatos, partidos y aparatos del estado más relevantes: en particular el nuevo Ejército Popular y, parcialmente, la policía. Posiblemente fue el primer intento de constituir una "Democracia Popular" al estilo de las posteriormente establecidas en el Este de Europa, en las que se mantuvo la ficción de una legalidad republicana y una cierta 'pluralidad' de partidos en torno a un Frente Popular (posteriormente serían Frentes Nacionales Antifascistas), todo ello absolutamente ficticio, pues todas las fuerzas políticas están satelitizadas alrededor del Partido Comunista, que controla todos los cuerpos armados, servicios de inteligencia y propaganda.
No olvidemos, en ese sentido, un hecho relevante: en las ulteriores "democracias populares" se producirá la fagocitosis de los Partidos Socialistas por parte de los Partidos Comunistas, presentada en términos presuntuosos como la 'reunificación de los partidos obreros'. El precedente en España solo se manifestó de forma parcial en dos organizaciones: las Juventudes Socialistas Unificadas, dirigidas por un viejo conocido nuestro, Santiago Carrillo, así como el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), dirigido por Comorera. Dichos 'partidos unificados' tomarán claramente una orientación pro-soviética sin ambigüedades y sus dirigentes serán cuidadosamente seleccionados entre prosélitos de la 'Internacional Comunista' fieles al Estado 'del Proletariado'.
La Puerta de Alcalá durante la Guerra Civil decorada con personajes extremadamente 'democráticos'

Que los ministros comunistas en el gobierno actuaran como una facción conspirativa, que se reunía con dirigentes del PCE como Pasionaria y José Díaz, con representantes del Komintern como Togliatti, Gerö, Codovilla y del alto mando soviético como Alexander Orlov, el hombre de la NKVD en España, a fin de preparar de forma exhaustiva sus intervenciones, no debería de extrañarnos hoy en día. Dado que los intentos de adulación a Largo Caballero no funcionaron se decidió su eliminación política. Fueron los sucesos de Mayo de 1937 (nota 1) en Barcelona los que suministran una justificación para la entrada en tromba y la elevación a la presidencia del Gobierno de un socialista 'moderado', Juan Negrín, que se iba a mostrar como el más dócil títere de todas las consignas del partido y de la Komintern; comenzando por la prohibición del filo-trotskista POUM y la carta blanca para la actuación libre de la policía política soviética en todo el territorio republicano, checas particulares incluidas. Una de las primeras actuaciones del NKVD será el secuestro, tortura y eliminación de Andreu Nin, dirigente del POUM. El finado será desollado vivo, a fin de que se confesara 'agente franquista', objetivo no conseguido. La constancia de Nin es un hecho de valor innegable, diferencias políticas aparte: fue la primera victima de las purgas políticas de Stalin en territorio español.

Se nos relata la  progresiva infiltración del partido en el aparato estatal de la República, utilizando sin escrúpulos la difamación, detención o eliminación física de todos los que discreparan con la línea oficial; todo ello bajo el paraguas de un Juan Negrin, que por el hecho de ser miembro del PSOE aparentaba cierta neutralidad pero que actuaba, en la práctica, como el más dócil hombre de paja de la política de Moscú. Si Negrín era un simple agente soviético o evitaba irritar al aliado, considerándolo la única posibilidad de ganar la guerra, es algo que posiblemente se llevó a la tumba, pero las consecuencias políticas prácticas no difieren sea cual sea la opción escogida.

La infiltración política será paralela a la de los aparatos policiales, tarea en la cual será indispensable la colaboración de los servicios secretos soviéticos (NKVD, posterior KGB), que conseguirán el control político del SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Éste último, creado por Indalecio Prieto que ve impotente como por los métodos de proselitismo, infiltración y cooptación clásicos de la maquinaria estaliniana consiguen el control político del cuerpo, va a servir como una auténtica policia política, que dispone de sus propias checas donde reciben un 'trato especial' tanto 'quintacolumnistas' del bando franquista, como gentes del propio bando republicano sospechosos de ser poco leales al mando soviético o al PC(5). Los principales purgados serán poumistas y anarquistas, pero también caballeristas o cualquiera que exprese desafección hacia los comunistas o 'derrotismo'; derrotismo que por cierto se extendía hasta el propio presidente de la República el Sr. Azaña que se ve incapaz de detener el vergonzoso espectáculo de degeneración de su idolatrada República (nota 2).

Me ahorraré describir en demasía la infiltración en el nuevo Ejercito Popular, reconstruido tras la disolución y reestructuración de las antiguas milicias y en el que los comunistas sabrán sacar todo el provecho de la instauración de la figura de los comisarios políticos. Algo más diré sobre el fin de la hegemonía del PCE en el aparato de estado de la República: el golpe de estado del General Casado. Mucho se ha insistido sobre el fin del nuevo directorio militar: el intento de negociación de una paz honrosa con el general Franco, poco se ha incidido sobre el objetivo de fondo de la asonada: poner fin a la angustiosa hegemonía del PCE que resultaba asfixiante para varias fuerzas políticas absolutamente relegadas del poder. El "partido de la paz" o "antinegrinista" estaba encabezado por el propio presidente de la República Manuel Azaña, apoyado por los republicanos de Izquierda Republicana y Unión Republicana más los nacionalistas catalanes y vascos, e Indalecio Prieto al frente de un sector del PSOE (en el que también estaba Julián Besteiro), así como por anarcosindicalistas como Cipriano Mera y una parte considerable de la oficialidad.

Como colofón a toda esta serie de tropelías y desgracias la mayoría de la dirección del PCE tras el golpe de Casado se dispone a huir ignominiosamente en avión hacia el exilio soviético, mientras la mayoría de sus militantes y simpatizantes pasarían por el calvario de la huida a través de los Pirineos o la captura por las tropas franquistas. Cabe destacar sin embargo la actitud más valerosa de Hernández y una minoría de la dirección del partido que resuelven quedarse hasta el final de la Guerra.

Un balance y varias lecciones históricas

La conclusión más elemental es que la 'leyenda rosa' de la República democrática idealizada tan grata a la mayor parte de la izquierda no se sostiene en absoluto: no hemos tratado aquí otro tema como la formación de milicias posterior a la insurrección militar que, al margen de la legalidad republicana, socializaron la propiedad y cometieron venganzas políticas; nos hemos centrado en la actuación del PCE durante la guerra poco consistente con las virtudes democráticas. Hemos visto que la posibilidad de control del aparato de estado por un PCE satélite del PCUS a la manera de las posteriores "democracias populares" eran una posibilidad nada improbable. Aún así el control del estado no fue total, solo así se explica el hecho del golpe de Casado, pero desde luego no eran precisamente con métodos parlamentarios como se dirimieron las diferencias políticas entre las diferentes corrientes y partidos de la república.

No obstante, si que es justo reivindicar que la II República fue un régimen parlamentario y legítimo durante una parte de su existencia: incluso en la segunda legislatura hubo un gobierno de centro-derecha, contra el cual por cierto se sublevó con armas la izquierda política. Pero en torno a 1936 la convivencia y la aplicación efectiva de las leyes que legitiman una democracia se disuelven como un azucarillo. Y podríamos dar, irónicamente, el 19 de Julio, como el punto de inflexión en que los hechos consumados en la calle reemplazan a la todavía formal legalidad republicana.

Este balance no tiene, por supuesto, que servir de argumento para legitimar al bando contrario. Es una verdad elemental que el bando de Franco no se puede presentar en absoluto como tal, ni democrático. No hemos dedicado este artículo a este tema, que dábamos por descontado. Aclarando este hecho elemental simplemente constatamos lo duros que fueron aquellos años para la causa de la libertad, el sentido común o la mera supervivencia cotidiana. Que cada uno asuma la parte que le corresponda y si queremos memoria histórica que sea toda y con todas sus consecuencias, pero que no sirva tampoco esto para romper una convivencia y un bienestar actuales mucho más elevados que los de aquellos días oscuros.

Platypus.

Notas:

1. Enfrentamientos ocurridos entre el 3 y el 8 de mayo de 1937 en diversas localidades de las provincias de Cataluña, con epicentro en la ciudad de Barcelona, en el contexto de la Guerra Civil Española. En estos sucesos se enfrentaban los grupos anarquistas y trotskistas (partidarios de la Revolución), por un lado, y el Estado republicano, la Generalidad de Cataluña y algunos grupos políticos, por otro lado. Fue el punto culminante del enfrentamiento entre la legalidad republicana formal y la Revolución, que estaban en roce constante desde el 18 de julio de 1936.

En ellos, el PCE se va a presentar como paladín "del orden", pero aprovecha para purgar a parte de sus rivales políticos. El PCE no estaba por un orden constitucional democrático, simplemente no le interesaba ninguna revolución en la que no tuviese la dirección.

El 18 de junio de 1937, secretamente detenidos dos días antes los dirigentes del POUM, Andrés Nin, Julián Gómez “Gorkin”, Arquer, Andrade y Gironella entre otros cuarenta, “La Pasionaria” pronunció este discurso:
“Estos malditos enemigos del proletariado y de la revolución se han vendido en cuerpo y alma al fascismo y a los enemigos del proletariado. Siembran el desconcierto en las filas de los obreros, quienes, faltos de clara conciencia de clase y de formación política, se dejan influir por la palabrería «ultra revolucionaria» vacía y demagógica, sin advertir el camino contrarrevolucionario abierto entre ellos”.
Un mes antes, el 11 de mayo, haciéndose eco de las manifestaciones de José Díaz ante el Comité Central del Partido Comunista, del cual es secretario, -“El POUM debe ser eliminado de la vida política del país”-, el PSUC reitera la ofensiva estalinista. En el periódico “UHP” de Lérida, el dirigente del “Partit Socialista Unificat de Catalunya” (PSUC), Miguel Valdés, escribe tajante: “Hay que exterminar a Andrés Nin y a su grupito de amigos”. Y así ocurrió... Nin fue misteriosamente asesinado en las inmediaciones de Madrid, adonde se le llevó desde Valencia. El estalinismo, servido por el comunismo español, había triunfado.  

2. Influido por Alexander Orlov, el SIM llegó a utilizar los mismos métodos de tortura que la NKVD: Celdas en las que casi no cabía una persona, ruidos y luces fuertes, baños helados, etc. La mayoría de sus jefes locales se mostraban brutales.[11] Fue el responsable del asesinato de varios reclutas republicanos[11] y, en Barcelona, de más de 40 personas (sobre todo anarquistas) que habían criticado la política gubernamental y la influencia del PSUC.[12] No obstante, su creciente independencia a la hora de actuar chocó en numerosas ocasiones con las autoridades republicanas.[13]
A partir de 1938 también dispusieron de su propios tribunales judiciales (de carácter estrictamente militar) para juzgar a sus detenidos y prisioneros mediante juicios sumarísimos.[11] Por ejemplo, en ese mismo año 245 detenidos fueron procesados y condenados a muerte por delitos de espionaje y sabotaje, aunque buen parte de las condenas no se llevaron a efecto. (5)
   

Bibliografía:

(1) Orwell, George (2003). Ediciones Destino. ed. Homenaje a Cataluña. Barcelona. ISBN 84-9710-043-3.

(2) José Peirats (1951-53). Episodis de la Guerra Civil Espanyola. Toulosue.

(3) Jaume Miravitlles (1972). La CNT en la Revolución Española. Barcelona.

(4) Indalecio Prieto, Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa Nacional (Intrigas de los rusos en España), Ediciones de París y de México, 1940.

(5) Julian Gorkin (1961). España primer ensayo de democracia popular. Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura. Publicado por la Fundación Andreu Nin.
http://www.fundanin.org/gorkin5.htm

(5) Thomas, Hugh (1976); Historia de la Guerra Civil Española. Ed. Círculo de Lectores. Valencia–Barcelona. ISBN 84-226-0874-X

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