Ucrania, una nación dividida y una democracia en precario.

En un pasado artículo sobre las protestas en Ucrania expresaba mis simpatías con los "indignados", a su vez que expresaba mis reservas y cautelas en relación a algunos aspectos no resueltos. Esta semana hemos podido asistir a una auténtico torbellino de acontecimientos: del acribillamiento a balazos de opositores con el consiguiente balance de entre 60 y 100 muertos, hasta la destitución por un parlamento menguado del presidente Yanukovich del rusófilo Partido de las Regiones y la liberación de opositora Yulia Timoshenko, encarcelada por el primero por "abuso de poder".

Podría en estos momentos cantar victoria y las glorias acerca de la tenaz lucha del pueblo ucraniano por las libertades, contra la casta de apparachtniks post-comunistas reconvertidos al capitalismo y por su vocación europeísta. Sin embargo, en este momento justo, y sin negar que esta narrativa contenga un elemento de verdad mis reservas no han hecho sino aumentar. E irónicamente ha sido un artículo de Cesar Vidal, que no puede ser considerado precisamente como un anti-occidental ni un conciliador ni es objeto de mis simpatías empleaba un argumentario tanto racional como verosímil en contra de los métodos opositores. A ello se viene a sumar rumores no desdeñables acerca de que la comunidad judía no está segura en Kiev o la constancia de que las fuerzas antidisturbios empleadas en la capital están siendo recibidas en sus localidades de origen de sur y el este de Ucrania como héroes, en loor de multitudes.

Esperemos que lo peor de los temores no se cumpla y que podamos ver una Ucrania europea, democrática, donde quepan todos sus ciudadanos. Pero una visión en perspectiva no nos ofrece un camino de rosas y los escenarios dramáticos tampoco son descartables, incluido el resurgir del antisemitismo. Y entono un mea culpa al haber subestimado la influencia de un nacionalismo ucraniano radical: un partido como Sbovoda, de raíces neonazis, aunque por fortuna todavía minoritario, no puede ser ignorado como un factor anecdótico, ni él ni el clima de opinión que permite a tal partido adquirir influencia política.


Que no se duerma la Unión Europea sobre sus laureles y enferme de éxito; ciertamente una parte significativa del pueblo ucraniano ha manifestado sus deseos de convergencia, pero las dificultades para convertir Ucrania en una sociedad plenamente democrática y cohesionada no se desvanecen mágicamente con una profesión de fe europeísta. La base constitucional de una sociedad democrática requiere de un proyecto ampliamente compartido y unas reglas de juego compartidas. Mi impresión es que ambos aspectos se presentan meridianamente asténicos, la división entre pro-occidentales y pro-rusos es un hecho y no existen unas reglas de juego compartidas: sin negar el carácter corrupto, despótico, post-estalinista de Yanukovich y su partido, lo cierto es qué ganó las elecciones del año 2010 de una forma que se ha reconocido limpia, es decir, que representa a una parte de la ciudadanía que ya sea por clientelismo, ya por miedo al ninguneo de sus peculiaridades culturales; sin pensar que esta sienta un gran entusiasmo por los políticos elegidos. Y, ciertamente, la forma en que se ha llevado a cabo la destitución es manifiestamente irregular: destituido por un parlamento amedrantado por la calle. Y cuando se trata de disputar al totalitarismo no cabe contemporizar con legalismos, pero aquí la situación no es exactamente la misma que la de la Unión Soviética, por mucho que Europa y USA les resulte autogratificante esta comparación. Y dicho sea esto con la absoluta solidaridad con las victimas de la represión de unas fuerzas policiales cooptadas y reforzadas por bandas de hooligans (los infames Titushka, que se llamen o no fascistas, tienen todo en común).


Por ejemplo, me hago eco de la siguiente noticia:
En ese sentido, resulta interesante la opinión de quienes están cerca de los hechos. Por ejemplo, el presidente del Comité de las Regiones de la Unión Europea y presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, quien ha estado dos días en Ucrania recientemente y ha asegurado este jueves en la SER que la situación en el país es una "guerra" contra un gobierno "corrupto" y "criminal", al tiempo que ha afirmado que los manifestantes concentrados en la plaza de la Independencia de Kiev representan a "todos" los ucranianos y están dispuestos, incluso, a dar su vida por pertenecer a la Unión Europea.
El Confidencial (23-2-2014)


Vale, pues si se siente contento con esto tenga usted mucho cuidado, porque si una multitud en las calles se postula como "legítima" representante de la nación y no se crea una norma legal compartida sobre la legitimidad de un Gobierno que luego no se extrañe si unos "indignados" intentan desalojarlo a él. Explíqueles que usted es "de los buenos".




También ha de ser digno de consideración un elemento fundamental: el ultranacionalismo y el fascismo presente en el bando pro-occidental. Qué no nos den gato por liebre por que nacionalismo más anticomunismo no son igual a liberalismo; recordemos Yugoslavia simplemente. Cierto que los fascistas no son los mayoritarios ni tienen el monopolio de la protesta, pero hay dos elementos especialmente preocupantes: primero, han sido admitidos por los otros partidos como aliados respetables (al menos en el caso de Sbovoda) y segundo, han exhibido un alto grado de activismo a nivel de la calle, lo que puede darles un incremento de popularidad. Y, no en vano, ya se han realizado las primeras declaraciones antisemitas y existe una preocupación por la comunidad judía de Kiev, no obstante, muchos de ellos apoyaran al Euromaidan. Además, tengan en cuenta los representantes de la Unión Europea que esta no tiene el menor interés ni para Svoboda ni para el Sector de Derechas, que la consideran decadente y vendida al capital "sionista".
Dicho esto, yo estoy de parte de "los nuestros" y que no se interprete mi intervención como un intento de justificación o de la mafia oligárquica de Yanukovich o Putin, ni siquiera de apaciguamiento frente a ella . Pero espero que los nuestros actúen con más prudencia de lo que lo han hecho en esta ocasión dando legitimidad a la calle per se y por que coincidía con ciertas ambiciones geopolíticas momentáneas. Y como europeo llamo a una seria reflexión a los dirigentes de una Unión Europea, que por si fuera poco tiene serios problemas de credibilidad en casa. Aparte expreso mi inquietud por la sospecha de que la política de la Unión Europea responda más a los intereses particulares de Alemania, que al proyecto histórico del propio europeísmo y al de la sociedad abierta. Pues es enemigo de Occidente lo que el "putinismo" representa como continuación de la autocracia y la nomenklatura, no Rusia en si misma como realidad nacional. La Rusia de hoy en día que renuncia a una libertad a la que teme y otorga el cetro y al látigo al nuevo "batyusha" (padrecito) deberá ser acompañada en lo sucesivo en el camino de la realización de su libertad y el reconocimiento de su europeidad. Y las perspectivas inmediatistas y mezquinas no ayudan; no, señora Merkel.




Platypus

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