La inquisición de género contra el profesor Ayala (Carlos Martínez Gorriaran)



La noticia de la expulsión del profesor Francisco Ayala de la Universidad de California en Irvine (UCI) ha pasado demasiado desapercibida para el profundo significado que encierra el nada banal incidente. Francisco Ayala, de 84 años, español y americano, es uno de los más reputados expertos vivos en evolución humana y genética. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en los Estados Unidos, acumulando todo tipo de distinciones y honores. Además es un generoso mecenas de su institución universitaria, a la que ha donado más de diez millones de dólares –obtenidos de premios y de su trabajo como viticultor-, siguiendo la tradición filantrópica que ha convertido a las universidades americanas en vanguardia científica mundial. En no menos tradicional correspondencia, la UCI bautizó con su nombre una Facultad y una Biblioteca del campus. Sin embargo, tras una denuncia por acoso sexual típica del activismo MeToo, Ayala ha sido expulsado de esta institución de la manera más humillante posible, como cuenta el New York Times.
El profesor Ayala parece ser otra víctima propiciatoria de la activísima y al parecer intocable Inquisición de Género
¿Cómo es posible que la UCI expulse de esta manera a uno de sus científicos más veteranos, respetados y premiados, además de filántropo ejemplar? Su amigo y colaborador Camilo Cela Conde lo explicaba en un breve artículo del Diario de Mallorca donde denuncia la injusticia de fondo de la expulsión de Ayala (a la que se añadía la fea represalia de quitarle un doctorado honoris causa por la UIB). El caso es que el profesor Ayala parece ser otra víctima propiciatoria de la activísima y al parecer intocable Inquisición de Género. Y precisamente, creo yo, por formar parte de la élite científica mundial, ser un referente de una gran universidad americana y haber sido, entre otras cosas, asesor científico del Presidente Clinton y presidente de la asociación que edita la poderosa revista científica Science. En términos políticos, el contexto que corresponde, el profesor Ayala era una pieza de caza mayor, y la ideología de género ha logrado cobrársela a través del MeToo.

¿Asaltar los cielos cazando hombres?

Ya hemos dado una vuelta en El Asterisco al significado profundo de la ideología de género. Esta ideología no es la radicalización del feminismo histórico, entendido como activismo para la completa emancipación de la mujer (sexual, educativa, laboral, política, intelectual…) de una indudable opresión histórica, sino una derivación distinta implicada en el asalto populista a la democracia.
La ideología de género forma parte de un movimiento hostil a las democracias consideradas “burguesas” por la paleoizquierda, que buscan en el populismo y en el “empoderamiento” de movimientos comunitarios una fuerza política “hegemónica”, sustituta de la declinante y derechizada “clase obrera” de la sociedad industrial en el papel de “vanguardia política” para el asalto a la democracia y el destierro del pluralismo.
El populismo izquierdista ha buscado en la ideología de género un aliado necesario para imponer su poder “hegemónico” por otros vericuetos
Por razones históricas la “dictadura del proletariado” es indefendible, y el populismo izquierdista ha buscado en la ideología de género un aliado necesario para imponer su poder “hegemónico” por otros vericuetos. Sigue siendo un poder político entendido como exclusión y persecución de los diferentes y disidentes, es decir, un poder al estilo de Venezuela: formalmente existe la oposición política, pero sin la menor oportunidad de gobernar ni aunque gane las elecciones con mayoría absoluta. Este objetivo explica la colaboración de teóricos del populismo antisistema, la hegemonía de partido y de la ideología de género, como el libro ya clásico de Judit Buttler, Ernesto Laclau y Slavoj Zizek Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, una Biblia para el movimiento antisistema izquierdista que en España llamamos podemismo.

La noción de “heteropatriarcado capitalista” ha sustituido a la marxista de “capitalismo” con la obvia y bastante exitosa intención de hacer olvidar los crímenes leninistas y trasladar a las mujeres (y a homosexuales y otras minorías disponibles) el papel de ejército anticapitalista antes atribuido al proletariado. Que las mujeres siguieran discriminadas y sometidas en los países socialistas, los homosexuales asesinados o encerrados en campos de concentración, y las minorías étnicas negadas o encerradas en reservas, no es ningún obstáculo para quienes aspiran a ponerse al frente de nuevos experimentos revolucionarios a través de la manipulación sistemática de los sentimientos sociales y la historia.

Esta amalgama ideológica impregna el discurso político de Podemos y ahora también del PSOE. Han asumido que la izquierda hegemónica, es decir antidemocrática, será de género o no será, y que llegará al poder con estrategias de género o nunca llegará. Y entiéndase que no se trata del legítimo “ascenso al poder” a través de elecciones legítimas y votos, de un poder temporal que sigue las reglas del juego democrático, sino de quedarse con el poder cambiando esas reglas. Por ejemplo, sustituyendo el Poder Judicial del Estado de Derecho por un sistema paralelo de tipo inquisitorial como el que MeToo ha implantado en Estados Unidos, a través de la eficacísima industria del espectáculo, y exportado al resto del mundo.

El profesor Ayala es una víctima reciente de esta estrategia de asalto al poder utilizando instrumentos de gran poder emocional, como la denuncia de la violencia sexual empleada por hombres poderosos para someter, explotar y humillar a las mujeres. La estrategia es doble, porque no sólo recurre a la explotación manipulada de sentimientos sociales muy extendidos, como el rechazo de la violencia sexual contra las mujeres, sino que elude las instituciones legítimas para actuar por los intersticios del sistema.

Así, las cuatro denunciantes del profesor Ayala no recurrieron a un juzgado, probablemente porque ninguno de los hechos imputados es delito (tocar el codo y la espalda, saludar besando, hacer chistes, piropear), sino a una comisión universitaria donde contaban con suficiente apoyo para lograr su propósito. Ventaja facilitada porque, irónicamente, la principal denunciante ocupa la Ayala Chair in Ecology and Evolutionary Biology, y todas ellas son miembros –juez y parte- del Departamento del Comité de Ética (¿?) que “juzgaba” sus denuncias. Y cualquiera que conozca cualquier universidad sabe que un profesor jubilado, por emérito que sea, no tiene ningún poder real frente a un catedrático (catedrática en este caso) en activo.

La inquisición de género contra el Estado de Derecho

El “contacto físico” está prohibido en la UCI y otros templos de la corrección política, donde esta clase de gestos que ofenden al puritanismo protestante bastan para una acusación de acoso sexual sistemático
Los hechos denunciados eran que Ayala una vez tomó por el brazo a una compañera, tocado la espalda a otra, llamado guapas a algunas más en actos públicos, y saludar besando en una fiesta privada. El “contacto físico” está prohibido en la UCI y otros templos de la corrección política, donde esta clase de gestos que ofenden al puritanismo protestante bastan para una acusación de acoso sexual sistemático. Es posible que Ayala cayera muy antipático a mujeres que no querían tenerlo a menos de tres metros o consideren un beso de saludo abuso sexual, pero Ayala tampoco tuvo la oportunidad de defenderse con testimonios de terceros, incluyendo el de colegas, colaboradoras y alumnas suyas dispuestas a ofrecer una interpretación muy diferente de su conducta habitual.

La UCI expulsó primero a Ayala y luego le pidió explicaciones, el informe oficial sobre la expulsión no ha sido hecho público y las acusadoras insinúan posibles acciones judiciales si el réprobo no acepta la condena. Se ha tratado pues de un proceso típicamente inquisitorial o estalinista: la víctima ya está condenada por el hecho mismo de ser procesada; no se admiten testimonios contradictorios; la carga de la prueba recae en el acusado y no en la acusación; se aplican acusaciones retroactivas por hechos que en su momento no eran ilegales ni motivaron denuncia alguna; el acusado paga con sus bienes el proceso; sufre la pena de escarnio público y el consiguiente rechazo y aislamiento social. Un acusado por el senador MacCarty de “actividades antiamericanas” tenía más posibilidades de defensa porque, al menos, el proceso era público.

Las penas contra Ayala ya han sido ejecutadas a pesar de que un grupo de científicos y científicas de prestigio en ese campo haya suscrito una carta apoyando públicamente a Ayala. La influencia de esa carta de especialistas no es comparable al efecto de la denuncia informativa en los medios de comunicación de masas. Como ya nos tienen acostumbrados, los medios de comunicación supuestamente independientes dieron mucho más pábulo a la expulsión ignominiosa de Ayala que a las condiciones objetivas en que ésta se ha producido y las protestas contra esta actuación contraria al derecho más elemental. Todos callan y colaboran asustados con la intocable ideología de género.
Cuando todos callan ante la injusticia, el próximo objetivo puede ser cualquiera; esa es la lógica y el doble objetivo del totalitarismo
Cuando todos callan ante la injusticia, el próximo objetivo puede ser cualquiera; esa es la lógica y el doble objetivo del totalitarismo tal como lo explicó brillantemente una gran mujer y filósofa, Hanna Arendt, a la que nunca se le pasó por la cabeza acusar de “acoso sexual” a su profesor y amante Martin Heidegger cuando éste permaneció impasible ante algo muchísimo más grave que recibir un beso no solicitado o un piropo pegajoso: la persecución nazi de los judíos, incluida la profesora Arendt que tuvo que exiliarse para no ser asesinada. No sé si esta comparación dará la medida de cuánto estamos retrocediendo en integridad ética, altura intelectual y decencia política.
Profesor de Filosofía de la UPV-EHU. Cofundador de Basta Ya y UPyD. Escritor y diputado nacional de 2011 a 2016.

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