Genesis y evolución del concepto de "antifascismo" (I)

Clarificar y estudiar la evolución de los distintos avatares de la expresión "antifascismo" o "antifascista" puede ser de cierta utilidad, dada la confusión creada en torno a dichos términos. No menos confusión continúa generando sus antónimos "fascismo" o "fascista" que son utilizados con prodigalidad para descalificar al adversario político, sin embargo me centraré en aquellos.

Sobre el papel no debería existir ningún problema en calificar de "antifascista" a todo a aquel que se opone a dicha ideología, sea desde el campo democrático liberal, reformista o revolucionario. Yo mismo, aunque prefiero las definiciones en positivo, no podría menos que definirme como "antifascista" en la medida en que me opongo y detesto todas las consecuencias morales y materiales de esta clase de regímenes.

Pero en diferentes momentos la expresión ha adquirido una significación especial y restringida, como veremos más adelante; o visto de otra manera, alguna corriente política (normalmente extremista) ha intentado monopolizarla y homologarla en función de sus intereses políticos. No es por ello extraño que muchos de los autodenominados "bloques antifascistas" que circulan por nuestras calles últimamente constituyen auténticas tribus urbanas, dedicadas a la lucha callejera con "fascistas"(de verdad o los que ellos consideran como tales), pero a todo tipo de desmanes: enfrentamientos con la policía, destrozo de mobiliario urbano y amenazas y provocación contra todo aquel que no comparta sus peculiares postulados. Unos auténticos totalitarios que se equiparan en odio y exaltación de la violencia a los auténticos fascistas. Algunos se dedican a reventar en la Universidad actos de Ciutadans o Rosa Diez y no dudan en convocar para dar charlas a terroristas de ETA o Terra Lliure.

Tampoco deja de ser irónico que dictaduras como la de Alemania Oriental, estuvieran teóricamente regidas por un 'Frente Nacional Antifascista'; coartada para dar a su régimen un barniz de falsa legitimidad, que solo una minoría de filisteos adictos a la propaganda podrían creer.
Sin embargo, los primeros antifascistas fueron por definición quienes se opusieron, desde cualquier postura política, al régimen de Benito Mussolini dirigido por el "Partido Nacional Fascista". Es aquí donde se origina el movimiento que toma este nombre de forma literal, aunque la palabra "Fascio", que podría traducirse como "haz" o "liga", ya había sido anteriormente usado incluso por sindicatos socialistas. Es en 1925 cuando se firma el primer "Manifiesto de Intelectuales Antifascistas" genuino y del que toman parte firmas tan ilustres como la de Benedetto Croce. Así cualquier opositor al régimen fascista sería un "antifascista" por definición, ya fuera liberal, monárquico, republicano, socialista, comunista, etc.

Los Frentes Populares. El "antifascismo" homologado de marca soviética.

Es con la política de "Frentes Populares", promovida por la Internacional Comunista (IC) bajo la dirección de Giorgi Dimitrov, personaje del círculo de confianza de Stalin, cuando el concepto de "antifascismo" va a adquirir un nuevo sentido particular, que en lineas generales es el que nos ha llegado a la actualidad: un concepto ligado a la estrategia de Moscú. En esta época, la IC admite la colaboración con la Internacional Socialista y sus partidos para frenar al fascismo; pero además abre el círculo de alianzas a partidos "burgueses" de centro izquierda. Muchos de sus bienintencionados aliados pensarían quizá, que tras la estrategia sectaria del 'tercer periodo', que facilitó el ascenso de Hitler al poder, los Partidos Comunistas habrían aceptado el parlamentarismo, al menos en los países democráticos. Nada más engañoso:, la estrategia solo se acomoda a conseguir sus objetivos políticos que son dos: en primer lugar, salvaguardar los intereses geopolíticos de la "patria del proletariado", y en segundo satisfacer los objetivos políticos del Partido Comunista de cada país, que no son otros que la creación de un estado al estilo soviético.



Para más claridad, ciñámosnos estrictamente a lo proclamado por Dimitrov en "El Fascismo y la clase obrera". Para los que se sientan incapaces de digerir el hueso, les recomendamos que se centren en el texto en negrita:

" Hace quince años, Lenin nos invitaba a que concentrásemos toda la atención "en buscar las formas de transición o de acercamiento a la revolución proletaria". Puede ocurrir que el gobierno del frente único una de las formas transitorias más importantes. Los doctrinarios "de izquierda" siempre pasaron por alto esta indicación de Lenin, hablando solamente de la "meta", como propagandistas limitados, sin preocuparse jamás de las "formas de transición". Y los oportunistas de derecha intentaban establecer una "fase democrática intermedia", especial, entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado, para sugerir a la clase obrera la ilusión de un pacífico paso parlamenario de una dictadura a otra. ¡Esta "fase intermedia" ficticia la llamaban también "forma de transición" e invocaban incluso el nombre de Lenin! Pero no fue difícil descubrir el fraude, pues Lenin hablaba de una forma de transición y de acercamiento a la "revolución proletaria", esto es, al derrocamiento de la dictadura burguesa y no de una forma transitoria cualquiera entre la dictadura burguesa y la proletaria. sea, en una serie de países,

¿Por qué atribuía Lenin una significación tan extraordinariamente grande a la forma que revistiese el paso a la revolución proletaria? Porque tenía presente "la ley fundamental de todas las grandes revoluciones", la ley de que la propaganda y la agitación por sí solas no pueden suplir en las masas su propia experiencia política, cuando se trata de atraer a las masas verdaderamente extensas de los trabajadores al lado de la vanguardia revolucionaria, sin lo cual es imposible la lucha victoriosa por el poder. El error habitual de tipo izquierdista es la creencia, que, tan pronto como surge la crisis política (o revolucionaria), basta con que la dirección comunista lance la consigna de la insurrección revolucionaria, para que las grandes masas la sigan. No; hasta en presencia de tales crisis, las masas distan mucho de estar siempre preparadas para eso. Hemos visto esto en el ejemplo de España. Para ayudar a las masas de millones a aprender lo más pronto posible, por medio de su propia experiencia, lo que tiene que hacer, dónde encontrar la salida decisiva y comprender qué partido merece su confianza; para esto hacen falta, entre otras cosas, junto con las consignas transitorias, también "las formas especiales de transición o de acercamiento a la revolución proletaria". Sin esto, las extensas masas del pueblo que está cautivas en las ilusiones y tradiciones democráticas pequeñoburguesas, podrán incluso, ante una situación revolucionaria, vacilar, perder tiempo, vagar, sin encontrar el camino de la revolución y hasta caer bajo los golpes de los verdugos fascistas.

Por esto señalamos la posibilidad de formar, bajo las condiciones de la crisis política, un gobierno del frente único antifascista. En la medida en que este gobierno despliegue una lucha real y verdadera contra los enemigos del pueblo, conceda libertad de acción a la clase obrera y al Partido Comunista, nosotros, los comunistas, lo apoyaremos por todos los medios y lucharemos en la primera línea de fuego, como soldados de la revolución. Pero les decimos francamente a las masas: Este gobierno no traerá la salvación definitiva. Este gobierno no está en condiciones de derrocar la dominación de clase de los explotadores y, por esta razón, no puede tampoco eliminar definitivamente el peligro de la contrarrevolución fascista. ¡Por consiguiente, hay que prepararse para la revolución socialista! Sólo y exclusivamente el Poder soviético traerá la salvación." Dimitrov (1935) "El fascismo y la clase obrera".

Blanco y en botella: el Partido Comunista no se bate por la democracia parlamentaria, solo la apoya provisionalmente para despejar su camino para el poder; las ilusiones y tradiciones democráticas son "pequeñoburguesas", "hay que prepararse para la revolución socialista", "solo el Poder soviético traerá la salvación". ¡¡ Aquí Dimitrov se nos transforma en un apóstol de la nueva religión bolchevique y nos ofrece la salvación !!. La de nuestra alma lo dudo.

Durante nuestra Guerra Civil vamos a sufrir la fase más avanzada de este experimento, solo truncada por el Golpe de Estado de Casado, con un país exhausto y presto a caer en las garras del franquismo. Y las víctimas van a caer no solo los reales o supuestos franquistas, sino de toda clase de militantes del Bando Republicano que discutiesen la política diseñada por el eje PCE-Moscú y ejecutada por Negrín. Es irónico que algunos comunistas reivindiquen "la legitimidad republicana" cuando su corriente política no cree en ninguna legitimidad, solo en la "lucha de clases".

El papel de los socialistas en la alianza

Pero, abrazo peligroso es el del oso, veamos el papel que tenía reservado Dimitrov y sus amiguetes a los socialistas en este siniestro drama. Socialistas como Negrín o Alvárez del Vayo jugaron el papel de "amigos" de la "humanidad progresiva"; otros como Prieto y Besteiro como "enemigos". La causa se resolvió en el exilio con la expulsión de Negrín del PSOE; recientemente su herencia política ha sido rehabilitada por Zapatero, como cabía esperar de un político de la "talla" de Jose Luís. Roamos un poquito más el hueso dimitroviano:


" La unidad, la cohesión revolucionaria y la presteza combativa de los Partidos Comunistas son el más precioso capital, que no nos pertenece solamente a nosotros, sino a toda la clase obrera. Hemos asociado y seguiremos asociando la presteza para lanzarnos a la lucha contra el fascismo, conjuntamente con los partidos y organizaciones socialdemócratas, con la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias fila"


Es peligroso aliarse con un partido, que por su parte, promete luchar de forma "irreconciliable" con tus bases ideológica ¿Verdad?

Prosigamos, si es necesario dótense de analgésicos:


"¡Camaradas! El desarrollo del frente único de lucha conjunta de los obreros comunistas y socialdemócratas contra el fascismo y la ofensiva del capital plantea también el problema de la unidad política, del partido político único de masas de la clase obrera. Los obreros socialdemócratas se van convenciendo cada vez más, por experiencia, de que la lucha contra el enemigo de clase exige una dirección política única, pues la dualidad de dirección dificulta el seguir desarrollando y fortaleciendo la lucha en común de la clase obrera.
Los intereses de la lucha de clase del proletariado y el éxito de la revolución proletaria imponen la necesidad de que exista en cada país un partido único del proletariado. El conseguirlo no es naturalmente tan fácil y sencillo. Exige una labor y una lucha tenaces y será necesariamente un proceso más o menos largo. Los Partidos Comunistas, apoyándose en la creciente gravitación de los obreros hacia la unificación de los partidos socialdemócratas a de algunas de sus organizaciones con los Partidos Comunistas, deben tomar en sus manos con seguridad y firmeza la iniciativa de esta unificación. La causa de la unificación de las fuerzas de la clase obrera en un partido proletario revolucionario único, en estos momentos, en que el movimiento obrero internacional entra en el período de liquidar la escisión, es nuestra causa, es la causa de la Internacional Comunista.
Pero, si para establecer el frente único de los Partidos Comunista y Socialdemócrata basta con llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y contra la guerra, la creación de la unidad política sólo es posible sobre la base de una serie de condiciones concretas que tienen un carácter de principio. 
Primero, a condición de independizarse completamente de la burguesía y romper completamente el bloque de la socialdemocracia con la burguesía;
Segundo, a condición de que se realice previamente la unidad de acción; 
Tercero, a condición de que se reconozca la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y de la instauración de la dictadura del proletariado en forma de soviets;
Cuarto, a condición de que se renuncie a apoyar a la propia burguesía en una guerra imperialista;
Quinto, a condición de que se erija el Partido sobre la base de centralismo democrático, que asegura la unidad de voluntad y de acción y que ha sido constatado ya por la experiencia de los bolcheviques rusos "

Discurso claro:  "unifiquémonos hermanos proletarios, les ofrecemos una propuesta que no pueden rechazar: renuncien a su programa y acepten el nuestro, e il colpo i fatto. Verdad que somos generosos los comunistas". Programa que para no llevarnos a engaño lleva incluída la dictadura del proletariado entre otras lindezas.

Recordemos, que dicho abrazo solo se va a consumar de forma incompleta en España: el Partido Socialista Unificado en Cataluña y las Juventudes Socialista Unificadas de Santiago Carrillo son sus retoños. La mayoría del PSOE va a mantener su recelo a la unificación: desde el socialista más honesto y democrático como el señor Julian Besteiro, del que en breves términos obtendremos un valioso testimonio; hasta el revolucionario Largo Caballero, que buscaría un modelo socialismo sin vasallaje a la URSS.

Deleitémonos con el prometido legado de Besteiro:

El 15 de noviembre de 1938, el mismo día en que las últimas tropas republicanas volvían a cruzar el Ebro dando por fracasada la ofensiva republicana iniciada en julio en la que Negrín había puesto todas sus esperanzas para dar un giro a la guerra, se reunió la Comisión Ejecutiva del PSOE en la que Julian Besteiro dijo abiertamente que [2] "la guerra ha estado inspirada, dirigida y fomentada por los comunistas" (a Negrín le dijo que era un "agente de los comunistas") y que "si la guerra se ganara, España sería comunista" . La solución que propuso Besteiro fue poner fin al Frente Popular (y por tanto romper la alianza con el PCE y la URSS) para ganar el apoyo de Gran Bretaña a la causa republicana porque Besteiro estaba convencido de que la política de las democracias occidentales ante la guerra civil estaba determinada por el factor anticomunista, lo que no era así, sino por la política de apaciguamiento que habían adoptado respecto de Hitler y el deseo de separar a Mussolini de Hitler. Besteiro afirmó:[3]
"Es indudable que si se refuerza aquí el Frente Popular, la opinión extraña pensará que avanza aquí el comunismo y, por consiguiente, como gran parte de la política que ellos siguen con nosotros está inspirada en la creencia de que aquí surgiría un comunismo, tendremos una posición más hostil"
Dichos procesos de unificación tendrán un procedimiento más expeditivo e incontestable tras la segunda guerra mundial en los países del Este de Europa, pero eso ya es otra historia que analizaremos en otra entrega.

Conclusiones provisionales

Emprendí este artículo cansado de hostigar al "flanco izquierdo", en especial el estaliniano, con la intención de encontrar en la lucha contra el fascismo un punto de encuentro y hostigar ahora y el derecho. Pero confrontado con el hueso de la política de la Komintern y los frentes populares, no he podido sino incidir en mi crítica antibolchevique.

Me dejo en el camino un análisis más detallado de otros Frentes Populares o el programa antifascista del trotskismo y el anarquismo, que también ejercen una potente influencia en el actual. Posiblemente en próximas entregas.

Detengo aquí, provisionalmente la crónica, y me comprometo a seguir con la Guerra Mundial que el 45 marca el ocaso del fascismo, al menos en las formas históricas clásicas y en sus pretensiones de establecer un dominio mundial.

[2] Bahamonde Magro, Ángel; Cervera Gil, Javier (1999). pp. 283-284.
[3]↑ Viñas, Ángel; Hernández Sánchez, Fernando (2009). pp. 93-94 

Comentarios

Entradas populares