Hans Rossling: sobre el crecimiento económico en los últimos dos siglos.

Interesante documento que ilustra, en contra de las profecías de que el capitalismo solo crearía pobreza, el colosal aumento de la riqueza de las naciones en dos siglos. Se exponen de forma amena  datos disponibles públicamente y que podríamos reforzar con otros, como los del aumento de la  esperanza de vida.
 
No sea ello excusa para el regodeo en la auto-indulgencia arrogante. Todavía subsisten en el mundo opresión, guerra, dictaduras, ignorancia, subdesarrollo, hambre, maquinarias de poder estatal o privado... Irónicamente, el sufrimiento psicológico y la falta sentido de la vida inciden principalmente el los países más desarrollados. Quedan muchas causas justas por defender y sufrimiento en este mundo. Pero, desde luego, no hay razón alguna para pensar que este no ha abundado, por doquier, a lo largo de la historia humana, ya provocado por seres humanos a otros, o bien fruto de un entorno natural hostil; y este último factor gracias al desarrollo económico y tecnológico, no cabe duda, se ha aliviado; el primero sería sin duda objeto de mayor polémica.

Y no olvidemos el interrogante ecológico: no podemos olvidar que somos seres vivientes en un ecosistema limitado. Como bien recordaba Einstein 'la humanidad no comprende la función exponencial'. Tampoco sirva tal constatación como cheque en blanco para una 'religión verde': cada problema requiere de un estudio y resolución concretos, no de soluciones mágicas políticamente correctas, ni de 'gurús' más efectistas que efectivos.

No obstante, en este momento de la historia no veo otra perspectiva que una Economía de mercado próspera que permita además el acceso al desarrollo de los países del Tercer Mundo. Economía, que sea además social, no obstante, de mercado que se ha demostrado como el mecanismo más eficaz para generar riqueza, talento y abrir fronteras por medio del comercio.

Y otra reflexión muy mía, pero que veo cada vez más manifiesta en otros: la 'deshumanización', como posible resultado de una religión tecnológica, en la que los últimos artilugios pueden producir un inmenso valor; mientras que el valor de lo propiamente humano a quedado rezagado, cuando no recuerdo de un pasado 'glorioso' pero inasumible. Por el contrario, es momento de reafirmar valores eminentemente humanos y por ende insustituibles, que pueden perderse irresponsable y descuidadamente en el frenesí modernizador. Honor, dignidad, amistad, sacrificio, amor son altos valores, pero quizá de bajo precio en el moderno sistema de tales.
 
Aún así, por encima de todas las consideraciones anteriores, creo sinceramente que no se puede delegar la conquista de la felicidad en ningún sistema económico-social ideal, ni pretender que este nos la va a regalar graciosamente, como pretenden los marxistas; aunque, desde luego, sin actividad productiva no hay terreno para nadie, solo para la hambruna y la degeneración de las sociedades. El terreno de lo moral y de las elecciones personales queda abierto, pero solo en la medida que la vida es una actividad productiva y creativa, ergo:  la necesidad de ganarnos el pan 'con el sudor de nuestra frente' seguirá siendo una opción con pocas alternativas razonables.

Platypus

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